Crónica de un viaje a México VI

CRÓNICA DE UN VIAJE A MÉXICO (VI)

Ixtapan de la Sal era un México distinto al conocido por mí hasta ese momento, abierto a la naturaleza, con termas de agua caliente que al evaporarse forman sal. Un lugar plenamente turístico y por lo tanto muy cuidado, del que apenas pude disfrutar pues me encontraba francamente mal. La sensación de fiebre iba en aumento, la garganta se ponía ronca por momentos, el moquillo flirteaba en la pituitaria y solamente el pañuelo lograba enamorarlo, pero allí habíamos ido a recitar y habría sido una decepción para los chavales, que nos esperaban sentados en sillas en el patio del colegio vestidos de uniforme junto a algunos padres y los profesores, que alguno no lo hiciéramos.
Hasta allí nos trasladó una ranchera, un coche grande, en cuyo último asiento nos sentamos el poeta colombiano afincado en Nicaragua, William Agudelo, que había venido al encuentro en compañía de Ernesto Cardenal, y yo. No recuerdo el tiempo exacto pero dos o dos horas y media de viaje por carretera debimos de tardar en recorrer la distancia, lo que me permitió mantener una conversación un poco más larga con William que las que hasta ese momento había desarrollado con otros participantes, salvo con mi compañero de habitación Ignacio Martín. Era originario de Antioquía pero llevaba unos diecisiete o dieciocho años en Nicaragua, me contó, y al igual que el maestro Cardenal en estos últimos tiempos se dedicaba a la escultura. Me cayó francamente bien.
En el colegio, el recibimiento fue apoteósico, como el día anterior. Después de haber vivido aquello uno comprende perfectamente la emoción que debió sentir Pau Gasol cuando el otro día debutó en el All Stars de la NBA y los que solemos organizar algunos acontecimientos poéticos sabemos, también, con certeza, visto lo visto, que va a ser muy difícil superar el listón que ha trazado Lina Zerón con la organización de “Voces para la educación”. Eso sí, la coletilla “Fernando Zamora Morales, Secretario General del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México” nos perseguía a todas partes, resonaba en el cerebro como un eco, como un tañir de campanas que casi nos vuelve a todos tontos, como el famoso eslogan de las ferias “compre, compre, compre, la muñeca chochona” o “que alegría, que alboroto, le ha tocado el perrito piloto”. Era el precio político que había que pagar para que el evento se pudiera haber organizado y yo creo que así lo entendimos todos.
En Itxapan recitó también Sarah Carrera, de Senegal, cuya sensualidad me fascinó desde que la conocí y yo creo que también a todos los escolares mexicanos, que la miraban hipnotizados, pendientes del más mínimo gesto, del más mínimo movimiento o sonido, del más leve pestañeo, a pesar de que ella recitara principalmente en francés. Su presencia creo que fue una de las que más impactó a los asistentes en casi todos los lugares en los que coincidí con ella.
El procedimiento fue el mismo que el día anterior: recital de los cinco o seis poetas que viajábamos en aquel grupo, turno de preguntas y respuestas, entrega de regalos y firma de autógrafos. Yo había llevado a México un maletón lleno de libros por lo que, en todos los colegios donde tuve oportunidad de participar, dejé alguno de los míos para la biblioteca escolar. Además, nunca mejor dicho, cada vez que entregaba algún libro me sacaba un peso de encima o, al menos eso pensaba, pues finalmente cuando les regalé mi libro a la mayoría de los poetas del encuentro, ellos me correspondieron con el suyo, con lo cual el maletón nunca llegó a bajar realmente de nivel y se vino de vuelta para España casi con el mismo peso.
Ese día comimos en Ixtapan de la Sal, en el comedor de una residencia de descanso propiedad del Sindicato de Maestros que tenía incluso baños termales. Lo que me extrañó es que disponiendo de aquellas instalaciones en un lugar tan privilegiado no se hubiera montado allí el centro de operaciones del encuentro, lo que indudablemente habría abaratado muchísimo el coste y nos habría proporcionado la oportunidad de experimentar los baños termales, asunto al que soy muy aficionado. Este comentario lo hago de manera poco objetiva, más por mi afán de termas que por lógica, pues el problema de desplazamientos que se habría planteado entonces habría sido mayúsculo.
Después de comer regresamos al hotel casi justo a tiempo para ir al recital de la tarde, en el Salón de Actos del Sindicato. Allí permanecí casi todo el acto, durante el cual una periodista de la televisión me hizo una entrevista que luego, me contó Nacho Martín, la han pasado un montón de veces por una cadena de Toluca. No sé con qué cara saldría en la pantalla, pues el malestar físico iba en aumento, el paracetamol ya no servía de nada ni alternándolo cada cuatro horas con una aspirina. Lo cierto es que un poco antes de finalizar, Ylia y yo nos cogimos un taxi y regresamos al hotel, pasando previamente por una farmacia para comprar algún medicamento, pues me estaba quedando sin voz.
Para hacer tiempo hasta la hora de la cena, tomamos algo en el bar del hotel. Le pregunté al camarero si había algún cóctel que me fuera bien para la garganta y me recetó una mezcla de ron caliente con miel y limón al que le dio un nombre muy simpático, que ahora no recuerdo, algo así como “la bomba” o ese nombre me viene a la mente porque el primero me alivió bastante, el segundo me alegró el cuerpo y el tercero fue como una bomba que explotó en mi interior y me elevó casi al sumum de la relajación, como cuando realizo algún ejercicio de respiración de yoga para occidentales. Luego vino la cena y, organizada por el poeta mexicano Arturo Jiménez, una pequeña lectura poética en la zona de sillones del hall del hotel, la cual abandoné pronto pues entre unas cosas y otras estaba que no podía con el alma.
Y llegado a este punto, en el que ha salido a colación Arturo Jiménez, al cual aprecio bastante pues tuve oportunidad de hablar con él en varias ocasiones e, incluso al final me ofreció que participara en una velada poética en D.F. de las que organiza, voy a aprovechar para darle un pequeño y cariñoso tirón de orejas, por un comentario un tanto “boquiflojo” que me hizo y al que, en el momento, no di demasiada importancia aunque al incluirlo aquí pudiera parecer que sí lo hice, y que consistió en mentar a Hernán Cortés como mi antepasado.
Yo como español no me siento responsable de lo que hizo ese señor y toda su banda de cuatreros en América, amparados por la corona española, como pienso que los actuales habitantes de Roma no son responsables de lo que hizo Nerón, Julio César o Calígula cuando los romanos dominaron toda Europa, o los árabes en la conquista de España, o los escandinavos en las correrías vikingas por las costas gallegas en vitud de las cuales por estas tierras abundan las personas rubias, de ojos azules y las pelirrojas. Tampoco me siento ni más ni menos responsable que cualquier ciudadano de a pie, del país que sea, de las fechorías y tropelías que puedan estar cometiendo las multinacionales, do quiera que actúen, cualquiera que fuere su nacionalidad, que las hay de todas si es que tienen nacionalidad. Por lo tanto, quede constancia de que esos comentarios que a veces circulan y que alguna gente en ejercicio de una especie de mengua intelectual inexplicable o alegre “suelta de borregos”, por utilizar un mexicanismo, deja caer como quien no quiere la cosa, me parecen de mal gusto o, al menos, una manera de tratar de “buscarle chichis a las culebras”, por utilizar otro mexicanismo. Creo que Arturo se dio cuenta de eso y al día siguiente hizo un amago de pedir disculpas, lo cual le honra, ya que yo soy el primero en meter la pata hasta el codo, a veces, y tengo, también, mis defectos además de ser un poco “chaparro y botijón”. Y, al mencionar el detalle no lo hago con ánimo de revancha, pues creo que la contestación que le di en su momento fue suficiente (puestos a sacar parentescos es más problable el suyo con el susodicho Hernán Cortés que el mío, pues a fin de cuentas mis antepasados se quedaron en Galicia por aquél entonces, y los suyos no), sino para que en el futuro otras gentes eviten utilizar una retórica tan poco sólida y que puede ser interpretada como un intento de ofensa, y digo “intento”, deliberadamente, pues no ofende quien quiere sino quien puede y, además, no me quedó muy claro si esa era realmente la intención de Arturo o fue, simplemente eso, una alegre “suelta de borregos” como decía antes.
Ese día también tuve oportunidad de hablar algo o, por lo menos, saludar, a dos excelentes poetas, Thelma Nava y Raquel Huerta, mujer e hija de uno de los grandes de la poesía mexicana, Efraín Huerta, que se han ganado el derecho a figurar en muchas de las antologías latinoamericanas que existen en la actualidad por su calidad. Yo ya tenía referencia de ellas a través de un crítico literario de la Universidad Iberoaméricana de México, Gilberto Prado y Galán, con quien había coincidido un mes antes en España, en el Seminario Internacional de Traducción. Fue para mí un honor y espero que en el futuro se concreten algunas líneas de colaboración que esbozamos Raquel y yo en aquellas fechas, cuestión que es bastante posible si Raquel viaja a España, como me ha anunciado, a primeros de mayo, ya que tendremos oportunidad de profundizar en ellas. La principal, un estudio sobre la poesía mexicana del siglo XX en el que ya estoy trabajando con mucho entusiasmo.
Cuando esa noche di por concluida la lectura en el hall y pillé la cama, atiborrado de medicamentos, las sábanas me supieron a gloria. Una vez más había que descansar, ya que al día siguiente sería el último recital, en un colegio de Toluca, esa vez acompañando a un plantel de lujo: Ernesto Cardenal, William Agudelo, Sarah Carrera y Luis Antonio García.

Febrero 2006©Fernando Luis Pérez Poza
Pontevedra. España

Explore posts in the same categories: México, noviembre 2005

Tags: , , , , , , , , ,

You can comment below, or link to this permanent URL from your own site.

Comment: