A CIEN HERIDOS POR HORA

A CIEN HERIDOS POR HORA

Las fuerzas aliadas avanzan a una velocidad de cien heridos por hora y dios sabe cuantos muertos. Mientras, Don Manuel Fraga Iribarne, que estos días anda sembrado o es que padece un ataque agudo de otra cosa, acusa al profesorado español de amenazar a los alumnos con el suspenso si no van a las manifestaciones contra la guerra. Digo yo que el noventa por ciento de los ciudadanos de este país, que no se pierde una a pesar de las tantísimas que se han celebrado, este año debe estar al borde del cate, porque sino no me explico tanta obediecia ciega a los docentes. Lo ha dicho ayer Don Manoliño, en Santiago de Compostela, ante su jefe supremo, el del bigote. Claro, que no me extraña. Dice el refrán: que de tal palo, tal astilla. Y es que el jefe se ha debido picar ante la veta fabularia del súbdito y maestro y ha dicho: Pues aquí suelto yo una más gorda. Y es entonces cuando se le ha ocurrido lo de que Zapatero, el líder de la oposición, es un peligro para la seguridad mundial. Ja… Ja… Ja… ¿No le pillan la gracia? Y yo que estaba convencido de que ese hombre que lidera los socialistas era un mantecas.  A ver si al final me va a terminar convenciendo…  porque la verdad es que hay que tener los… cojones bien templados para aguantar tanto cinismo y contestar con un mensaje llamando a la responsabilidad.

Dice el historiador Arnold J. Toynbee, en su libro La Europa de Hittler, que “…en 1939 se destruyó el sistema internacional creado tras la Primera Guerra Mundial…” “Alemania e Italia realizaron una política exterior agresiva que, por encima incluso de la guerra, trataba de alterar el status quo en su beneficio…” “Un mundo que acababa de declarar ilegal la guerra caminó hacia la conflagración más generalizada y más destructiva que ha conocido la humanidad” ¿No les suena la película? Yo diria que ésta ya la echaron en el cinema del siglo XX. Si se leen el libro podrían alucinar con tantas similitudes.

También en aquella ocasión la fórmula mágica era una guerra relámpago y se ocupó un país como Polonia  y los dictadores y asesinos Hittler y Stalin se lo repartieron como una tarta, antes de proseguir la conquista. -Aquí ya han fabricado hasta los rótulos de los Ministerios-. Después, los nazis, enardecidos y espoleados por el éxito, iniciaron la ocupación de otros países como Holanda, Bélgica y Luxemburgo, etc… ¿Qué me dicen de Siria, Corea, Irán? Se hablaba de un Orden Nuevo. ¿Será una casualidad? El resto de la historia y sus consecuencias ya las conocen, aunque convendría hacer memoria y recordarlas un poco más vivamente, por eso de que el hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces en la misma piedra.

Hace tan sólo unos minutos acabo de ver, en la televisión Localia, un reportaje de la periodista Maggie O’Kane, que cubrió la información de la guerra del Golfo, del 91. No tengo palabras para describirles mi  horror.  En mi corazón se han quedado grabadas imágenes terribles pero, en especial, las lágrimas resbalando por las mejillas de una madre. No se trata de algo crudo, morboso, espectacular. No era una de esas imágenes de los atentados terroristas que suelen poner a la hora de comer para que se te atragante la comida en la nuez. Simplemente unas lágrimas en las mejillas de una madre, mientras acunaba a su hijo, de apenas tres o cuatro años, puro hueso, víctima de cáncer. ¡Había tanta, tanta, tanta desesperación y tristeza en ellas! Y eso que la foto del soldado ardiendo, completamente  deformada la cara por las llamas como si fuera  la de un monstruo, intentando salir de un tanque, todavía vivo, se las traía. En ninguno de los dos casos se mencionaba la nacionalidad, porque el dolor que produce la muerte, sea la de un hijo o un ser humano carece de fronteras y tanto lo sufren las madres irakíes como las de los soldados aliados. A fin de cuentas todos se vieron afectados por la utilización de bombas enriquecidas con uranio.

Las declaraciones de quienes tuvieron algo que ver en aquel espanto no tienen desperdicio. Un militar USA decía que la vida de mil soldados irakíes no vale la de un soldado norteamericano. Otro, que rezumaba pinta de político de la administración Bush, explicaba sin inmutarse que la diferencia entre matar a los irakíes enterrándolos vivos o hacerlo de un disparo en la cabeza es de un minuto más de vida. ¿Será por eso que los enterraban vivos? ¿Para concederles un minuto más de vida? ¡Qué humanidad! Y el mismo, al referirse al agente Naranja o al Napalm, también empleados, reconocía abiertamente que se trata de un arma “desagradable”, es decir, algo así como un café sin azúcar o un martini sin hielo, con ese tono. ¿Se ha hecho esta guerra para destruir las armas de destrucción masiva? ¿Las de quién? Porque digo yo que habrá un método más sencillo y menos rastrero que dejarlas caer todas juntas desde los aviones sobre la población.

Yo no sé hacia dónde vamos, aunque me temo que el NO A LA GUERRA se nos está quedando corto. No me puedo creer, al hilo de la reflexión que hace Manuel Vicent, en su artículo de hoy, publicado en El País, que los afiliados y votantes del PP al igual que los de Herri Batasuna, a pesar de escuchar ambos a Schubert, se nieguen a condenar la inmoralidad de cualquier muerte provocada, sea por coche bomba, tiro en la sién o pepinazo angloamericano. ¿Hasta cuándo vamos a seguir con la venda en los ojos en aras del partidismo, el fanatismo o el papanatismo? 

Hay quien estos días me ha llamado comunista. No lo soy. No milito en ningún partido político. Quizá haya que caminar hacia una democracia mucho más participativa, donde los gobiernos no sólo dependan de un voto cada cuatro años o los representantes elegidos democráticamente voten como corderos, al unísono, al que lleva el -o está como un- cencerro. Una democracia donde las asociaciones y los movimientos ciudadanos de cualquier clase e índole, que actúen dentro de la legalidad, estén también representados en las instituciones, de una manera real y efectiva, como sistema para mantener saneada la conducta de los responsables políticos, y no pueda pervertirse el espíritu de las normas de esta manera.

Aprovecho para agradecer la humanidad desplegada por alguno o alguna que, creyendo que iba a ser operado, me envió sus mejores deseos de que el médico se excediera en la anestesia. Estoy convencido de que si, él o ella, fuera el anestesista habría puesto napalm en la jeringuilla, quizá porque algunos de mis artículos, y los de otros que también escriben en contra de la guerra, le hacen comprender que está equivocado y eso le roe la conciencia. Un poeta y un escritor no sólo debe cantar a las flores y al mes de mayo, y menos cuando acontecimientos tan terribles se están produciendo en este mundo a muy pocas horas de donde vivimos. y aquellos que reivindican una lista descafeinada deberían abrir una que se titulara Heidi o Blancanieves e invitar a participar a los siete enanitos. Hay también quien me acusa de faltar al respeto a los soldados aliados. Nada más lejos de mi intención, ya les llega con la falta de respeto que les han demostrado quienes los han enviado a morir a esta guerra inmoral, ilegal e innecesaria por la conquista de unos cuantos pozos petrolíferos.

Abril 2003©Fernando Luis Pérez Poza

Pontevedra. España

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