UNA VÍCTIMA COLATERAL

UNA VÍCTIMA COLATERAL

Hola. Ustedes no me conocen. Soy una víctima colateral del caos circulatorio. ¿Y que es eso? Se preguntarán. Porque reconozco que mantener actualizado el diccionario, desde el punto de vista semántico, es poco menos que imposible, a la vista de la rapidez evolutiva que está adquiriendo la lengua castellana. Pero no se preocupen, yo se lo explico. Así es como se denomina ahora a las heridos en accidente de tráfico que, al fin y a la postre, como dice Manuel Fraga Iribarne, Presidente de la Xunta de Galicia, no se diferencian en nada de las víctimas de la guerra, a las que por extensión de la terminología, podría también llamarse heridos por accidente fortuito de avión con bomba.

La verdad es que poniéndome en su lugar,  y aceptando su teoría, no sé qué le pasa a la gente. Toda esa sensiblería por unos cuantos niños, cuyo nombre no conoce ni su padre, accidentados por un racimo de bombas. Muchos más se mueren en accidente de tráfico y nadie se queja. Aquí lo único que realmente debería preocupar son los muertos por causa del terrorismo, sobre todo si son políticos o concejales, que eso sí atañe de cerca y provoca un lucido funeral donde pasearse la jeta. Eso debe condenarlo todo quisque, y sin paliativos, que el hecho de no decirlo a todas horas y con carácter previo a cualquier declaración o escrito te mete de lleno en el calificativo de terrorista o comunista, o vasco, término éste último que me ha parecido que ha empleado hace poco el Vicepresidente Rajoy con categoría de sinónimo del primero.

¿Para qué se meterán esos críos debajo de las bombas? ¡Qué capullos! ¿Verdad? ¿Pero es que acaso no saben mirar al cielo, antes de salir de casa? Lo que pasa es que son unos rebeldes y unos desobedientes y se han negado a recibir al ejército aliado batiendo palmas con las orejas mientras les  invaden el país o no han querido regar de flores las carreteras para homenajear a sus salvadores, como era su obligación moral, que es de bien nacidos ser agradecidos. Sí. Eso les pasa por no mirar si vienen tanques, cuando cruzan la calle, y claro, a los soldados ya no les da tiempo a frenar. Una guerra y el tráfico de una ciudad, como por ejemplo, Madrid, son bastante parecidos, con la única diferencia de que en una circulan tanques y aviones y en la otra coches. ¿Acaso no son todos vehículos? ¿Acaso no se caga uno en todos los muertos del elemento motorizado cuando ve que lo van a atropellar o a borrar del mapa de un pepinazo?  Pues ya ven, una cosa similar, yo diría que casi idéntica.

De todas formas, no se preocupen, pues los aliados se van a ocupar de la reconstrucción. Tenían tanta ilusión por hacerlo que ya habían tramitado los expedientes de adjudicación de obras y de gestión de puertos y pozos petrolíferos antes de rematar la conquista, y es que tanto sentimiento humanitario no les cabía ya en el pecho. ¡Qué eficacia administrativa, dios mío!  Al que le falte un ojo se lo pondrán de cristal y hasta podrá elegir color y, si se descuida,  se lo darán con mando a distancia y, al que haya perdido una pierna, le regalarán una ortopédica con la que podrá jugar al fútbol mejor que Maradona. Y no digamos de las viudas, lo que se habrán ahorrado en el divorcio…  o aquellos a  los que les ha tocado unas largas vacaciones en Guantánamo, en pleno Caribe.  ¿De qué se quejarán? Las cosas hay que mirarlas de una manera positiva. Si uno ve un vaso de agua, pues mejor considerarlo medio lleno que medio vacío: la cantidad es la misma.

Y para qué les voy a decir más. Ahora ando un poco preocupado por la operación que me espera. Estoy ya al borde del quirófano y lo malo es que le he oído comentar al médico, que es partidario de la guerra, que toda la intervención militar que se está ejecutando en Irak se está haciendo de una manera precisa, quirúrgica, sin apenas daños. Más de ocho mil bombas, inteligentes, de esas que piensan y dicen ” a éste no, que me cae bien” y “ese otro al infierno”. En realidad, tengo miedo, porque como la precisión de su mano cirujana sea igual a la de los aliados en Bagad y demás ciudades, voy listo, calixto. Y todo porque un automovilista decidió saltarse el semáforo en rojo, al igual que los aliados la legalidad internacional. Sí, realmente, esto es parecido. Aquí todo vale y… como se deduce de las palabras de Don Manoliño… ¿Qué más dará que mueran en Bagdad o en la ciudad? Es lo mismo. Sí señor. Alucino, con su piedad.

Abril 2003©Fernando Luis Pérez Poza

Pontevedra. España

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