Archive for the ‘Argentina, mayo 2008’ category

Cronica de un viaje a Argentina VIII – 2ª Parte

7 febrero 2009

8.- MAR DEL PLATA 2ª PARTE

Durante casi todo mi viaje a Argentina me he levantado temprano. Es como si el cuerpo no hubiera querido asumir las cinco horas de diferencia que hay con respecto al horario de España. Por ello he aprovechado bien la mañana para ir a primera hora a los ciber y mantener actualizado el correo electrónico o, por lo menos, para atender las urgencias.
Cuando planifiqué el calendario a seguir había pensado en traer la computadora portátil, así que el hotel de Mar del Plata lo elegí porque en el anuncio de características y servicios que aparecía en Internet ponía Wi-fi. Luego menos mal que no cargué con ella, pues aquí hay montones de establecimientos de Internet.
El segundo día no había quedado con María Gabriela Abeal hasta la tarde, por lo que me di un paseo por la ciudad y atendí todos los requerimientos informáticos desde la máquina de uno de esos establecimientos.
En uno de mis viajes a Italia, me comentaban que los napolitanos son muy exagerados además de muy dados al humor o, al menos, con un peculiar sentido del humor. Así es frecuente que en algunos restaurantes pongan un letrero enorme en el exterior indicando: “aire acondicionado” y, luego, se encuentra uno, cuando entra, con la cruda realidad que el único aparato que poseen que pudiera tener alguna remota relación con el asunto es un mini ventilador a pilas, de esos que venden en las tiendas de todo a un euro o a dos pesos y que, aún por encima, no funciona pues las pilas están gastadas.
Pues los dueños del hotel parecían napolitanos, ya que lo que llamaban wi-fi en la publicidad no era otra cosa que una vetusta computadora del cuaternario más prehistórico, instalada en el vestíbulo, y cuya línea de conexión con la red no me funcionó hasta el último día muy por la mañanita y con la lentitud del caballo del malo en una película de vaqueros.
De todas formas, he decir en su descargo que el precio de la habitación me resultó sumamente económico, estando en pleno centro y en zona comercial, a dos minutos del mar, así que de la relación calidad-precio no me puedo quejar. Había otros hoteles mucho mejores pero también costaban seis veces más.
Después de comer en el Baviera unas rabas que me supieron a gloria, pasó Gabriela a buscarme y nos fuimos al salón Puyrredón. El acto salió francamente bien, interviniendo Alicia Mesa Garbin como presentadora así como el poeta Roberto Moscoloni, bajo la coordinación absolutamente detallista de María Gabriela que preparó un montón de grullas de papel de regalo con la técnica del Origami, título de mi libro.
No conté el múmero de personas, pero habría entre unas 50 y 60 y al final actuó el coro “Alborada” del Centro Gallego de Mar del Plata que interpretó canciones del folclore de mi ciudad natal, Pontevedra.
De allí era una de las integrantes del coro, de 93 años, que me dio un abrazo en el que sentí concentrada toda la morriña o añoranza que latía en su corazón.
Tal vez podría haber asistido mucha más gente, aunque el salón no daba para mucha más capacidad, pero hubo una competencia muy dura, gastronómica para más señas, frente a la cual los eventos poéticos nada pueden hacer: A mediodía se celebraba la fiesta de la fabada asturiana en el Centro Asturiano y estaba invitada toda la colectividad española. Aún así hubo alguna gente que hizo doblete, como Don José Marcos, director del periódico Prensa Española, que asistió a los dos eventos, lo cual le agradezco enormemente, pues dejar colgada una buena fabada para venir a escucharme a mí tiene un mérito tremendo.
Al término, Gabriela, su marido, su hija y su suegra, nos fuimos a un lugar que se llama “La Cuadrada”, una cafetería o bar situada en unas cuevas y decorada con mil detalles absolutamente originales. Un sitio así, en cualquier ciudad gallega, sería un negocio redondo y estaría lleno siempre.
Por la noche, el padre y la madre de Gabriela me llevaron a cenar las rabas y la célebre paella al puerto, no sin antes darme un pequeño giro automovilístico por la costa.
Al día siguiente, me reuní a desayunar con una poeta marplatense, Silvia Loustau, en una cafetería-librería denominada Fray Mocho, muy interesante. Fue una tertulia muy agradable, en la que pudimos intercambiar conceptos poéticos y incluso recitarnos algunos poemas con los que logramos ilustrar los pasajes de la conversación que se referían al ritmo poético.
Después, un gran periodista, Pérez Bastida, en LU6 Atlántica, la emisora más escuchada en la costa Atlántica argentina me concedió tres tramos de su programa cuando lo habitual es uno por invitado. Pude recitar un par de poemas y hubo un montón de llamadas de gente diciendo que se había emocionado, lo cual me llenó de satisfacción, no por el cultivo del ego personal que todos los poetas a veces llevamos a extremos desmedidos y fuera de la realidad, sino porque se pudo comprobar que la poesía llega a la gente, que tiene tirón radiofónico, y que debemos luchar y trabajar para que cada vez se le dé más atención como un sistema de defensa frente a la creciente deshumanización del mundo.
Por la tarde, un minitour que me dejó agotado y cena con Gabriela. El viaje a Mar del Plata había concluido y ya sólo quedaba dormir y tomar el omnibus a la mañana siguiente para regresar a Buenos Aires.
Ese día, durante la comida, tuve oportunidad de volver a saludar al padre de Gabriela, una pesona de una calidad humana y emotiva excepcional que me decía que con mi acento le recordaba a su madre, nacida en Pontevedra; también anduve enredando un poco con el piano y la guitarra en el establecimiento de artículos musicales que regenta el marido de Gabriela.
Cuando el ómnibus partió de la estación yo llevaba una nueva familia instalada en el corazón, pues también la madre y la hija de mi amiga poeta me habían calado bien dentro.

Mayo 2008© Fernando Luis Pérez Poza
Buenos Aires. Argentina

Anuncios

Crónica de un viaje a Argentina VIII – 1ª Parte

7 febrero 2009

8.- MAR DEL PLATA 1ª PARTE

En principio no estaba previsto en la idea inicial del viaje incluir un recital o una presentación en Mar del Plata, pero la buena disposición de la poeta María Gabriela Abeal, la cual ha representado para mí un enorme apoyo anímico desde antes de mi llegada a Argentina, hizo posible que el día 11 de mayo presentara mi obra en el Salón Puyrredón de aquella ciudad.
Aprovechando que se había suspendido el evento incluido en el programa para el día 10 que organizaba en Olivos Graciela Pucci, tomé un ómnibus de la empresa Tony Tours a las nueva y media de la mañana.
En Argentina, las distancias son enormes, por lo que este viaje, de seis horas de duración, es un trayecto corto. El paisaje es pura pampa, un llano interminable por el que se desparraman miles de vacas. Para mí, acostumbrado a los ómnibus de España, resultó un viaje de lo más placentero. Aquí los autocares de larga distancia, llamados diferenciales, son de dos pisos y los asientos están lo suficientemente separados y son tan cómodos y utilitarios que casi se pueden convertir en camas, por lo que uno disfruta realmente con el viaje. Una máquina de café y de algo a lo que aquí llaman jugo y que no es ni zumo natural ni artificial sino una especie de agua manchada de naranja, en régimen gratuito y de autoservicio, ayudan bastante a ello.
Fue entonces cuando me arrepentí de no haber aceptado la oferta de Xenia Mora para organizar una presentación en Mendoza. Habrían sido 22 horas de viaje desde Mar del Plata y otras 18 0 20 de regreso a Buenos Aires, pero en unos autobuses de tanta calidad uno estaría dispuesto a ir incluso hasta el fin del mundo.
Mucho deberían aprender los empresarios de transporte españoles, y los viajeros no deberíamos tolerar los vehículos tercer mundistas que se utilizan en la península ibérica y donde uno va emparedado entre asientos a unos precios que triplican los argentinos.
Me gusta mucho también el sistema de facturación de equipajes. Uno le entrega la valija al mozo, tras la correspondiente propina de uno o dos pesos, quien la guarda en el compartimento de carga y, a cambio, te entrega un resguardo con un número. Así el viajero se despreocupa y no se ve obligado a andar pendiente cada vez que se detiene el autocar para que no le birlen el equipaje, aunque sea una cuestión que no es frecuente que suceda.
Una vez más, gracias a la poesía, me encontré a alguien esperando en la estación de ómnibus. La señora doña María Gabriela Abeal, y lo digo así porque tanto ella, como su hija Ágata que me regaló los tres libros prometidos escritos por ella, su marido y su familia al completo se portaron conmigo con letras mayúsculas.
Tras dejar el equipaje en el hotel, necesitaba comer algo y lo hice en el restaurante que queda en el espolón: un tostadito, que es como aquí le llaman a un sandwich de jamón y queso enorme, equivalente a tres piezas de los españoles y más exquisitamente preparado.
La ensenada en la que está ubicado el espolón me recordó mucho a la ciudad de A Coruña. Si tuviera la Torre de Hércules en un extremo y el Pirulí en el otro, no se apreciaría casi la diferencia.
Mar del Plata es una ciudad netamente turística. En verano dicen que apenas se puede andar por la calle sin darse codazos con la gente. Me gustó porque posee un comercio fácil como mi ciudad, Pontevedresa. Allí compré un par de recipientes para mate y las correspondientes bombillas, ya que en el taller del poeta sólo dispongo de una bombilla de mate centenaria, perteneciente a la tía Emérita, que es de alpaca y que, tal vez por esa circunstancia, me despelleja los labios cuando tomo el mate un poco caliente.
Pero… ¿Un gallego tomando mate en Galicia? Sí. Así es. Desde que lo probé en Sardegna, en casa del poeta argentino Gabriel Impaglione y comprobé que en los supermercados de Pontevedra se encuentras las marcas Nobleza Gaucha y la Cruz de Malta.
Al atardecer, participación en el programa “Momento amor” de la emisora marplatense FM 105.1 conducido por Marta Riat y Juan Carlos Roca.
Por la noche cené en el restaurante Baviera, junto al hotel, unos filetes de lenguado y me fui a dormir no sin antes escuchar la maravillosa voz de Dulce Pontes en el Mp4.
Al día siguiente sería mi presentación en el Salón Puyrredón y era preciso descansar.

Mayo 2008©Fernando Luis Pérez Poza
Buenos Aires. Argentina

Crónica de un viaje a Argentina VII

7 febrero 2009

7.- EL TANGO

Es difícil expresar lo que uno siente cuando se acomoda en un teatro de la Avenida de Corrientes, dispuesto a disfrutar al máximo de un espectáculo de tango.
La zona de butacas probablemente había sido cubierta con una tarima, pues se notaba que estaba a ras del escenario. Y sobre esa superficie se habían dispuesto un sinfín de pequeñas mesas redondas con una pequeña lámpara de noche encendida sobre cada una de ellas.
Con el teatro en penumbra, ese ciento largo de luces parecía una manifestación de luciérnagas. Los palcos se descolgaban por las parees luciendo un sencillo pero dorado artesonado y vestían todavía más el patio de butacas.
Día de semana, miércoles para ser más exactos, pero lleno a rebosar. Y es que el espectáculo lo merecía. La compañía Tango x 2, encabezada por Miguel Ángel Zotto, escenificaba a lo largo de casi hora y media la historia del tango y, con ello, en cierto modo, la de Buenos Aires, o también para no entrar en disputa con los uruguayos, la de Montevideo, a lo largo del siglo XX, que no serían muy distintas.
Desde 1905 hasta la vanguardia actual. Veintiuna personas sobre el escenario y me imagino que muchas otras más entre bastidores para que todo saliera perfecto.
La ambientación visual, con proyectores de imágenes en los que predominaba el obelisco al fondo, pero que se iban adaptando como un guante a las épocas representadas.
El recorrido completo comenzaba en la memoria legendaria de la pareja “El Cívico y la Moreira”, pasaje en el que la compañía entera recreaba a través de tango, milongas y zamba, los bailes primitivos, mostrando el estilo como se bailaban los primeros tangos, taconeados y canyengues.
El baile y el teatro se enlazaron a la hora de escenificar el prostíbulo, ambientado en el Buenos Aires de los años veinte “una ciudad que recibía miles de inmigrantes, generalmente hombres solos, que arribaban de todas partes de Europa, así como centenares de jovencitas que llegaban engañadas y serían regenteadas por madamas y cajetillas en los típicos prostíbulos de la ciudad”.
La década de los cuarenta vestía el escenario de Avenida de Corrientes de cafés, orquestas, teatros, dancing club que la compañía recreaba convirtiéndola en “la calle que nunca duerme” y en el epicentro del tango.
El café Mazotto, la plaza típica, el atardecer donde se entremezclan el vals cruzado y una milonga al borde del escenario.
El segundo acto incluía el desarrollo del tango danza, el baile entre hombres y un homenaje a Eduardo Areolas.
Picadas con los pies, coreografía de piernas, saltos acrobáticos, vertiginosos descensos por unas escaleras ubicadas en el escenario y que no dieron lugar ni a un solo traspiés. Los pasos más difíciles eran saludados por el público con largas ovaciones espontáneas.
El tango es un poema en el que se emplea el cuerpo como herramienta. Los ojos de los bailarines no se extraviaban sino que se miraban fijamente mientras los pies evolucionaban, encajando unos con otros como si fueran el engranaje perfecto de un mecano diseñado a puro sentimiento.
Rojo y violeta, terciopelo negro, satén blanco vestían de tango los sueños. Finos encajes de una lencería mágica moviéndose al ritmo de una magnífica orquesta compuesta de violines, bandoneones, piano y contrabajo.
Los pies de los espectadores zapateaban al compás de la música adquiriendo autonomía sobre sus propietarios.
Los bailarines se desplegaban por el escenario con la misma armonía que el fuelle de un bandoneón, abriéndose y cerrándose, como un certero mecanismo de relojería, sincronizados con la partitura sin una milésima de segundo de retraso.
Y yo sentí que Buenos Aires se me metía dentro y comenzaba a ocupar por completo cada rincón de mi corazón.

Mayo 2008 © Fernando Luis Pérez Poza
Buenos Aires. Argentina.

Crónica de un viaje a Argentina VI

7 febrero 2009

6.-EL INSTITUTO ANTROPOLÓGICO Y EL CORNAMÁN

Mi estreno como poeta en Buenos Aires fue en una jornada organizada por el grupo A.L.E.G.R.I.A de María Cristina Pizarro y Graciela Licciardi en el Instituto Antropológico y el Pensamiento Filosófico, en Belgrano, una zona residencial situada al norte en el callejero pero considerada centro. Ese día comí en un restaurante en La Recoleta calamares fritos, a los que aquí, utilizando la denominación que le dan en Cantabria y el País Vasco, todo el mundo conoce por rabas.
Mi prima y yo tomamos un colectivo que nos llevó directamente hasta dos cuadras más abajo del Instituto. Como fuimos con suficiente antelación, nos dio tiempo a dar una vuelta por la zona y admirar las maravillosas edificaciones, tipo casa señorial con ciertos ingredientes arquitectónicos coloniales que abundan por allí. ¡Lástima que la mayor parte de ellas no reciba el mantenimiento preciso, pues el lugar sería entonces magnífico!
Al evento asistieron unas sesenta personas entre las que había algunos destacados poetas, entre ellos el vicepresidente de la Casa de Ponteareas en Buenos Aires, quien además me parece que es vicepresidente del Instituto Argentino para la Cultura Gallega y que se comprometió a asistir también a mi presentación con María Rosa Lojo en el auditorio Francisco Madariaga de la SEA, el día 21 de mayo, a las 19,30 horas.
Un poco tarde llegó la coorganizadora del evento, Graciela Licciardi, poeta y novelista, retraso ajeno a su voluntad, pero que supo suplir después con su enorme simpatía.
Al término, algunos de los asistente fuimos a cenar a un restaurante ubicado en el mismo Belgrano. Para mí, además de ser un rato entrañable, fue muy interesante, porque pude contrastar opiniones e intercambiar información con Cristina Pizarro, sentada a mi lado. Conversación de la que espero se derive un viaje de ella a Galicia para presentar su obra.
Fue esa misma tarde cuando me di cuenta de un equívoco. Antes de partir de Galicia compré en una tienda unos amuletos de una cerámica muy conocida y valiosa, Sargadelos, que se caracterizan por estar dotados de ciertos poderes mágicos. En concreto, los que pedí eran las figas, un viejo remedio contra las “meigas”, que es como popularmente denominamos a las brujas en mi tierra. He de decir que cuando el dependiente los estaba empaquetando no me fijé mucho, entretenido en seleccionar alguna otra figura para obsequiar a mi familia.
Mi sorpresa fue que cuando entregué el obsequio a Cristina, me di cuenta de que el amuleto no era una figa, sino un “cornamán”, que es una mano con los dedos meñique e índice extendidos y los demás replegados y que previene contra los que le quieran robar el amor a la persona que lo lleva.
A mí, particularmente, no me gusta nada, primero porque es hacerle la cusca a los maridos de las homenajeadas, que lo van a tener crudo a partir de ahora para ponerle los cuernos a sus amantes esposas y, segundo, porque el gesto que representa esa mano, cuando vas en un vehículo y otro intenta adelantarte o te hace alguna barrabasada se suele utilizar para llamarle “cornudo”.
Ni que decir tiene que las interesadas, las organizadoras de los eventos para las cuales los compré, están encantadas, seguras a partir de ahora de la fidelidad de sus esposos y amantes cónyuges.
Eso sí, cuando llegue a Galicia voy a poner de vuelta y media al dependiente de la tienda de cerámica, que se confundió y me empaquetó en papel de regalo los “cornamáns” con dedos desplegados y no las “figas”, que a todos los efectos son iguales pero con los dedos replegados.
En esta jornada que se desarrolló bajo el título “Nosotros y el mundo de las artes en la literatura” tuve ocasión de compartir intervención con Alicia Dellapiare, Osvaldo Rossi, Cecilia Glanzmann, Bertha Bilbao Ritcher y Nélida Norris.
Al término de la cena, un par de taxis nos fue repartiendo por los distintos alojamientos y zonas de Buenos Aires.

Mayo 2008© Fernando Luis Pérez Poza
Buenos Aires. Argentina

Crónica de un viaje a Argentina V

7 febrero 2009

5.- EL MINITOUR Y FANNY GARBINI

Cuando se llega por primera vez a una ciudad cosmopolita es recomendable efectuar un minitour turístico para situarte en ella, lo que aquí llaman obtener un “pantallazo”. Y a eso le dediqué el tercer día de mi estancia en Buenos Aires.
La Recoleta, Palermo, La Casa Rosada, el monumento con forma de flor que abre sus pétalos a mediodía y los cierra por la noche, Puerto Madero, etc. y Caminito, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, punto turístico por excelencia o que, al menos, el turista nunca perdona.
A mí me produjo una especial emoción este recorrido en autocar, con paradas puntuales en los sitos estratégicos, porque lo hice con mi prima María Elena, una mujer a la que admiro por su vitalidad y espíritu de aventura.
Antes de llegar a Caminito pasamos por delante de la Bombonera, el estadio de Boca Juniors, donde jugó su hermano Eliseo Mouriño en la década de los cincuenta, lo que estimuló el recuerdo de mi primo.
Yo creía hasta ese momento que Eliseo había desarrollado su carrera deportiva en Boca, pero no. El equipo donde se formó futbolísticamente fue Banfield, desde el que fue traspasado a Boca y, con posterioridad, al equipo chileno en el que militaba cuando lo sorprendió el fatal accidente aéreo que acabó con su vida.
Fue un momento especialmente emocionante para mí; un lujo escuchar la narración de labios de su propia hermana, pues aquí Eliseo sigue siendo un gloria nacional. Hasta hace muy poco, en la Bombonera, el estadio de Boca, ondeaba una bandera negra en un asiento, en su memoria. Ahora la han retirado, según me han dicho, lo que ha motivado a Banfield a decir que ellos no la retirarán nunca.
Por la mañana, y gracias también a mi prima María Elena, tuve oportunidad de saludar a uno de los periodistas más emblemáticos de este país, Antonio Carrizo, quien era un buen amigo de Eliseo y que trabaja en Radio Rivadavia y a quien tuve el honor de entregar un ejemplar de mi libro Origami. Sus entrevistas a Jorge Luis Borges son muy conocidas y dieron lugar a un libro muy importante para comprender a dicho autor.
Al término del minitour, en la cafetería Tolón, situada en Coronel Díaz con Santa Fé, una de las dos en las que he montado mi cuartel general, tuvo para mí uno de los encuentros más emotivos, esperado desde hace años, ocho para ser más exacto. Fue con mi amiga Fanny Garbini Téllez, una excelente poeta y que fue una de las primeras autoras a las que publiqué en mi editorial.
Sentado con mi prima en una de las mesas junto a la ventana, vi que entraba una rubia alta, elegante, oteando el horizonte de las mesas como si buscara a alguien. ¿Será ella? – Me pregunté. En ocasiones, aunque hayas visto una foto, es muy difícil reconocer a la persona. Por un momento ella miró hacia mi gorra de capitán de la marina griega que he convertido en uno de los aparejos que me identifican. -Es ella- me dije. Pero no. La rubia alta y madurita giró noventa grados y procedió a sentarse en otra mesa.
Miré por la ventana y vi a otra rubia, ésta más menudita, que se dio dos paseos por la acera y luego desapareció. Me dio la impresión de que sus rasgos eran muy similares a los de la foto que yo tenía, pero después del error cometido con la alta, como no entró y ni siquiera miró, antes de desaparecer de mi vista, deseché la idea.
Cuando pasaban cinco minutos de la hora convenida, me decidí a salir a la terraza por si acaso Fanny se encontraba sentada fuera esperando. Y, efectivamente, allí estaba. Se trataba de la rubia menudita que un poco antes se paseara por delante de mis narices, luciendo un bonito chal a modo de abrigo.
El abrazo no se hizo esperar. Fue un encuentro realmente emotivo y, tal y como había sucedido en Internet, conectamos enseguida.
Ahora, tras haber cenado y comido juntos en varias ocasiones, después de haber visitado el Ateneo (una cafetería-librería increíble) y “haberla podido estrechar entre mis brazos” como digo en la dedicatoria del libro que le regalé, ella se empeña en decirme “sós un dulce de leche” y, lo malo es que no sólo me lo dice a mí sino que le manifiesta esta opinión a toda la gente. ¡Con esa propaganda que me está haciendo no sé yo qué va a ser de mí, porque me siento una tostada a punto para el café y ésta ciudad, Buenos Aires, está llena de hermosas cafeterías.
Fanny es un extraordinaria poeta y persona, dos cualidades que no siempre van juntas. Un día, hace ya mucho tiempo, me dijo que si ella tuviera veinte años menos no me habría dejado escapar. Yo ahora, después de conocerla personalmente, le digo que si yo fuera veinte años más joven me habría enamorado perdidamente de ella, porque su corazón late al mismo ritmo que el de una muchachita.

Mayo 2008©Fernando Luis Pérez Poza
Buenos Aires. Argentina.

Crónica de un viaje a Argentina IV

7 febrero 2009

4. LAS TIPAS

Nos encontrábamos paseando mi primo Francisco y yo por la Recoleta, zona cercana a casa, cuando, de repente, me dice:
-¡Fernando, fíjate en esas tipas!
Yo, siempre ávido de escotes, piernas torneadas o cinturas de avispa que pudieran merecer ese apelativo, giré la cabeza hasta trescientos sesenta grados como si ésta se tratara de un periscopio, pero por más que lo intenté no vi a nadie de esas características en cien metros a la redonda.
Entonces mi primo, ante mi silencio, me preguntó:
-¿No te parecen unas tipas estupendas?
Este nuevo comentario hizo que yo alargara los ojos como si fueran kilométricos catalejos y no dejé sin revisar ni un centímetro del territorio que me rodeaba, en busca otra vez de una falda provocativa, la ranura de alguna hucha que asomara desde el suéter o la turgencia de unas formas moldeadas por el destino con la misma perfección de un dios.
Pero nada. Allí no se alcanzaba a divisar ni el más mínimo atisbo que pudiera provocar un punto de lascivia o de lujuria.
Percatado de mi desconcierto, Francisco señaló una hilera de árboles que se extendían ante nuestras narices. Aquellas eran las famosas tipas que yo tanto había buscado, unos hermosos árboles plantados en el parque y que se denominan así, “tipas”. Cuando le conté a mi primo lo que se me había pasado por la cabeza las carcajadas se debieron escuchar hasta en Belgrano, un barrio que está tan en las afueras de Buenos Aires que hasta han tenido que hacerle un suplemento al mapa callejero de la city para poder incluirlo.
Esa misma jornada asistí a la presentación del libro “La República de los Tristes”, de la poeta Mary Acosta, en las instalaciones de Radio Palermo FM. Fue un acto entrañable en el que recité un par de poemas suyos para apoyarla, uno de ellos muy emotivo, dedicado a su padre. Al final del evento me entregaron una bandera argentina y una bandera uruguaya, que a partir de ahora lucirán ya en las paredes del Taller del Poeta. Mary también me obsequió con una figura metálica en la que aparece una pareja de tango bailando al pie del obelisco, monumento este último que es de los más representativos de Buenos Aires, por lo que he podido apreciar.
Cuando ya me disponía a pedir un taxi para regresar a mi alojamiento, una delegación de poetas uruguayos que asistió a la presentación y Mary me convencieron para que me quedara a cenar con ellos. Fue un momento entrañable. Me llevaron a una pizzería familiar uruguaya, situada en Palermo Hollywood, denominada “Le creative”, en Montblanc, 1505, esquina Cabrera, y que está atendida por dos mujeres: Beatriz y su hija, tan parecidas una a la otra como dos gotas de agua. El único lujo (que a mí me parece el mejor que me pueden ofrecer) fue el cariño con el que nos atendieron las propietarias. La comida, pizza y empanadillas, me pareció excelente. El ambiente era tan familiar que terminamos improvisando un pequeño recital en el que cabe destacar las intervenciones del poeta uruguayo León Romero y Cristina B. Monte, la editora de Mis escritos.com, uno de los nombres con los que había mantenido correspondencia cibernética y al que conseguí
poner rostro aquella noche, y quienes me invitaron a participar en su programa “La noche siempre es la noche”, en AM1010 Onda Latina, de 21 a 22 horas, el día 15 de mayo.
Solamente un detalle empañó el momento. Un fortuito malentendido entre la delegación uruguaya de poetas y Mary Acosta, que creían que la cena era en lugares distintos, hizo que la poeta homenajeada y su familia no acudieran a la pizzería a tiempo y que todos pudiéramos compartir juntos aquellos momentos. Lo sentí realmente porque Mary, cuya madre es de Pontevedra, me cayó realmente bien y la considero desde ya una buena amiga.
Sobre las once de la noche nos despedimos y uno de los matrimonios asistentes, cuya hija reside en España, en A Coruña, muy amablemente me acercó hasta mi alojamiento. Atrás quedaba también la visita a la Biblioteca Nacional, desde cuyo último piso se observa una panorámica muy interesante de la ciudad, y de camino a la cual mi prima y yo pasamos por Radio Rivadavia, a saludar al famoso y reconocido periodista Antonio Carrizo, que fuera muy amigo de mi primo el futbolista Eliseo Mouriño, y al cual pude entregarle un ejemplar de mi libro Origami.
Rendido de cansancio me tumbé en la cama, puse los auriculares y me lancé al ruedo donde torea Morfeo, hasta que el descabello del sueño me hizo perder la noción de la realidad.

Mayo 2008©Fernando Luis Pérez Poza
Buenos Aires. Argentina.

Crónica de un viaje a Argentina III

7 febrero 2009

3. ATERRIZANDO

Cuando uno llega a un país que todavía no conoce, lo que más agradece es que alguien lo arrope con cariño e incluso lo proteja como a un bebé hasta que se sitúe, desparezca el embotamiento cerebral que provoca la diferencia horaria con el lugar de inicio del viaje y se empiece a mover ya con cierta soltura por el lugar, especialmente si ese lugar es una gran ciudad o metrópolis como Buenos Aires.
Si además el avión ha tenido que esperar media hora dando vueltas en círculos por el aire como si fuera un pájaro borracho a causa de la niebla, todavía se valora más el detalle de que la familia te haya ido a buscar al aeropuerto. Bajas y besas a todos los parientes además del suelo que pisas pues en algún momento de la espera aérea comenzabas a dudar de que finalmente volvieras a ver la tierra como un ser sin alas, es decir caminar por ella.
Lo primero también es luchar contra el jet-lag, o como demonios se llame ese efecto, que es un aturdimiento integral que te vuelve completamente tonto, si todavía no lo eres, claro está. Durante un par de días sientes como si las neuronas o la materia gris se hubiera volatilizado –nunca mejor empleado el término- y cuesta trabajo concentrarse hasta para cruzar una calle sin riesgo para la vida.
En esas condiciones, me metí de lleno en una de las actividades que había programado: la participación en el programa “Buscando las utopías” , de Radio Arinfo, http://www.arinfo.com.ar/. Muy amablemente, Alejandro Jusim, el locutor, pasó a “buscarme” por una cafetería cerca de la casa de mis primos (ya ven que esta vez no pico y digo “recoger”, pues aprendí la lección en México) y, juntos, nos dirigimos a la emisora.
Alejandro me cayó muy bien. Me pareció una excelente persona, comprometida socialmente. El trecho que caminamos, pues otra parte del recorrido la hicimos en taxi, nos dio tiempo a charlar e intercambiar impresiones y confidencias. Una de esas confidencias fue que se trataba de la primera vez que conducía un programa, pues en las anteriores ocasiones siempre acompaña a Miriam Lazo. Así que allí nos encontramos, solos ante el micrófono un ser obtuso afectado de jet-lag y un locutor primerizo con una hora entera por delante de programa, ya que Miriam, la conductora habitual del programa se encontraba en Chile.
Mi impresión es que, dadas las circunstancias, no salió mal. Hablamos de temas comprometidos, como la próxima implantación de las papeleras en Uruguay, problema que como pontevedrés he padecido casi desde mi más tierna infancia y que, por lo tanto, no recomiendo; de fútbol y de la victoria de Boca y pude recitar algunos poemas.
Después Alejandro me acompañó hasta las proximidades de mi alojamiento, dejándome sano y salvo en la puerta.
Jusim, además de locutor, es cantautor y el próximo día 22 presentaremos juntos en la Casa del Sol, un pequeño local situado en Av. Elcano, 3589, de Capital Federal, un espectáculo conjunto de música y poesía al que hemos titulado “Las dos orillas del océano”. Es un local pequeño, por lo que conviene efectuar reserva. Me he comprometido a cantar dos canciones gallegas, así que el espectáculo no tendrá desperdicio, aunque a tenor de cómo canto será conveniente llevar paraguas por si después llueve, ya que no es una actividad que realice habitualmente.
El primer día de la aventura argentina había transcurrido y yo, tremendamente cansado, me puse un sello de hasta mañana y me metí en el sobre no sin antes escuchar un poco de música de Dulce Pontes para relajarme.

Mayo 2008©Fernando Luis Pérez Poza
Buenos Aires. Argentina.